Incumplimiento de contrato: qué hacer y cómo reclamar daños

Incumplimiento de contrato

No cobrar el salario en la fecha acordada genera muchas dudas. ¿Es un simple retraso o un incumplimiento grave de la empresa? ¿Cuánto tiempo puede pasar antes de reclamar? ¿Existe un plazo legal para exigir el pago?

En España, el derecho a cobrar el salario está protegido por la legislación laboral. Cuando la empresa no paga o acumula retrasos, el trabajador puede iniciar una reclamación para exigir las cantidades pendientes.

En este artículo, como expertos en derecho laboral, explicamos cuándo puede reclamarse un salario, qué plazos existen y qué pasos deben seguirse para hacerlo correctamente.

Cuando puede reclamarse un salario pendiente

Un trabajador puede reclamar su salario cuando la empresa no abona la nómina en el plazo acordado o cuando existen cantidades pendientes de pago.

El artículo 29 del Estatuto de los Trabajadores establece que el salario debe pagarse puntualmente y en la fecha convenida, normalmente de forma mensual.

Esto significa que se puede reclamar cuando:

  • el salario no se ha pagado en la fecha habitual
  • la empresa ha dejado de pagar una o varias nóminas
  • se han pagado cantidades inferiores a las que corresponden
  • existen conceptos salariales pendientes (horas extra, comisiones, etc.)

Un retraso puntual puede tener diferentes causas, pero si el impago se repite o se prolonga en el tiempo, el trabajador tiene derecho a reclamar las cantidades debidas.

Cuánto tiempo tiene un trabajador para reclamar el salario

Uno de los aspectos más importantes es el plazo legal para reclamar salarios pendientes.

La legislación laboral establece que el trabajador dispone de un año para reclamar las cantidades adeudadas.

Este plazo empieza a contar desde el momento en que el salario debía haberse pagado.

Por ejemplo:

  • si una nómina debía pagarse el 30 de marzo de 2024
  • el plazo para reclamarla finaliza el 30 de marzo de 2025.

Si pasa ese tiempo sin iniciar ninguna reclamación, el derecho puede prescribir, lo que impide exigir judicialmente el pago.

Por este motivo, cuando existen retrasos o impagos es recomendable no dejar pasar demasiado tiempo antes de iniciar el proceso y contactar con un experto en derecho laboral para optimizar el proceso si se precisa.

Qué cantidades pueden reclamarse

Cuando se inicia una reclamación salarial, el trabajador puede exigir todas las cantidades que la empresa le adeuda.

Entre ellas pueden incluirse:

  • salarios mensuales pendientes
  • pagas extraordinarias no abonadas
  • horas extraordinarias no pagadas
  • pluses salariales previstos en el convenio colectivo
  • comisiones o incentivos pactados

Además, la normativa laboral contempla que el trabajador pueda reclamar un interés por mora del 10 % sobre las cantidades debidas.

Este interés tiene como objetivo compensar el perjuicio causado por el retraso en el pago del salario.

Cómo reclamar un salario pendiente paso a paso

Cuando tenemos claro el cuánto y el cuándo, podemos pasar a ver el mejor procedimiento para reclamar salarios pendientes, el cual suele seguir varias fases.

1. Revisión de nóminas y cantidades adeudadas

Antes de iniciar cualquier reclamación es importante comprobar:

  • nóminas recibidas
  • cantidades pendientes
  • conceptos salariales no abonados.

También conviene revisar el convenio colectivo aplicable, ya que puede incluir complementos salariales que la empresa esté obligada a pagar.

2. Reclamación previa a la empresa

En algunos casos puede intentarse una reclamación previa a la empresa para solicitar el pago de las cantidades pendientes.

Este paso no siempre resuelve el problema, pero puede servir para dejar constancia del impago.

3. Papeleta de conciliación

Si la empresa no paga voluntariamente, el siguiente paso suele ser presentar una papeleta de conciliación ante el organismo de mediación laboral correspondiente.

Este trámite busca alcanzar un acuerdo entre trabajador y empresa antes de acudir a los tribunales.

4. Demanda ante el juzgado de lo social

Si no se alcanza acuerdo en la conciliación, el trabajador puede presentar una demanda ante el juzgado de lo social para reclamar las cantidades adeudadas.

El juez analizará la documentación aportada y, si procede, condenará a la empresa a pagar los salarios pendientes.

Qué ocurre si la empresa no puede pagar

En algunas situaciones la empresa atraviesa dificultades económicas o incluso cesa su actividad.

Cuando esto ocurre, puede intervenir el Fondo de Garantía Salarial.

Este organismo público puede asumir el pago de determinados salarios e indemnizaciones cuando la empresa es insolvente o se encuentra en concurso de acreedores, aunque existen límites en las cantidades que se abonan.

Cuando consultar con un abogado laboralista

Aunque algunos trabajadores intentan resolver estos problemas por su cuenta, contar con asesoramiento legal puede ser clave para:

  • calcular correctamente las cantidades reclamables
  • evitar errores en los plazos
  • preparar la documentación necesaria
  • defender los derechos del trabajador durante el procedimiento.

Un abogado laboralista puede analizar el caso concreto y orientar sobre la mejor estrategia para recuperar los salarios pendientes. Reclamar los salarios pendientes dentro de los plazos legales es fundamental para garantizar que el trabajador pueda recuperar las cantidades que le corresponden.Cuando una de las partes no cumple lo que ha firmado, el problema no siempre es solo jurídico: muchas veces también implica pérdidas, retrasos, gastos imprevistos o una situación de incertidumbre que afecta directamente a quien sí ha cumplido con su parte.

En estos casos, es habitual hacerse preguntas muy concretas: si realmente existe un incumplimiento de contrato, si se puede reclamar, qué pasos conviene dar y si además es posible pedir una indemnización por los daños sufridos.

La respuesta no es la misma en todos los supuestos. Habrá casos en los que interese exigir que se cumpla lo pactado, otros en los que será más conveniente resolver el contrato, y otros en los que el foco estará en reclamar el perjuicio económico causado.

Por eso, como bufete de abogados experto en derecho civil, antes de actuar, conviene analizar bien qué se firmó, qué ha ocurrido y qué opción protege mejor los intereses de la parte perjudicada.

Qué se considera un incumplimiento de contrato

Un incumplimiento de contrato se produce cuando una de las partes no respeta lo que había asumido. Pero no se limita únicamente a no cumplir. También puede existir incumplimiento cuando se cumple tarde, de forma incompleta o de una manera distinta a la pactada.

Esto ocurre con más frecuencia de la que parece. Puede darse, por ejemplo, cuando un proveedor no entrega un pedido en el plazo acordado, cuando un profesional no presta el servicio en las condiciones previstas, cuando una reforma queda a medias o cuando una de las partes deja de pagar lo que correspondía.

Por tanto, no siempre hace falta una negativa rotunda a cumplir para que exista un problema contractual. A veces el conflicto está en los matices: en un retraso importante, en una ejecución defectuosa o en un resultado que no se ajusta a lo acordado. Y precisamente ahí es donde conviene revisar bien el contrato y valorar el alcance real del incumplimiento.

No todos los incumplimientos tienen la misma gravedad

Este punto es importante. No cualquier incumplimiento tiene las mismas consecuencias ni permite reclamar de la misma forma.

Hay supuestos menores, que pueden corregirse o reconducirse sin necesidad de dar por rota la relación contractual. Pero también hay incumplimientos que afectan de forma esencial al contrato y que hacen perder totalmente el sentido del acuerdo para la parte que sí ha cumplido.

Esa diferencia es clave. Porque no es lo mismo un retraso puntual que un incumplimiento continuado, ni un defecto subsanable que una actuación que frustra por completo lo pactado. Analizar esa gravedad es uno de los primeros pasos para decidir si conviene exigir el cumplimiento, resolver el contrato o reclamar daños y perjuicios.

Qué hacer si la otra parte no cumple

Cuando surge un incumplimiento, actuar con precipitación no suele ayudar. Pero dejar pasar el tiempo, tampoco. Lo recomendable es ordenar bien la situación desde el principio.

El primer paso es revisar el contrato con detalle. Hay que comprobar qué obligaciones asumió cada parte, qué plazos se fijaron, qué condiciones eran esenciales y si se pactó alguna consecuencia específica en caso de incumplimiento.

Después, conviene reunir toda la documentación relacionada: correos electrónicos, mensajes, presupuestos, facturas, justificantes de pago, anexos o cualquier comunicación que permita demostrar tanto lo pactado como la forma en que la otra parte ha dejado de cumplir.

A partir de ahí, en muchos casos resulta aconsejable hacer un requerimiento formal. No solo porque puede abrir la puerta a una solución sin acudir a juicio, sino también porque permite dejar constancia de que el incumplimiento existe y de que se ha dado la oportunidad de corregirlo.

Qué opciones tiene la parte perjudicada

No hay una única respuesta válida para todos los casos. La mejor opción dependerá del contenido del contrato, del tipo de incumplimiento y del perjuicio que haya causado.

En algunos supuestos, lo más razonable será exigir que la otra parte cumpla lo pactado. Esto suele tener sentido cuando todavía es posible reconducir la situación y el cumplimiento sigue siendo útil.

En otros casos, mantener el contrato ya no compensa. Si el incumplimiento es grave o ha vaciado de sentido el acuerdo, puede ser más conveniente valorar su resolución y reclamar las consecuencias económicas que se hayan derivado.

Y cuando el incumplimiento ha provocado pérdidas, gastos adicionales o la necesidad de buscar una solución alternativa, puede plantearse también una reclamación por daños y perjuicios.

Lo importante es no actuar por intuición. Una reclamación bien enfocada requiere decidir desde el inicio qué se quiere reclamar y por qué esa vía es la más adecuada en ese caso concreto.

Cuando se pueden reclamar daños y perjuicios

Esta es una de las dudas más habituales que tienen nuestros clientes. Y conviene decirlo claro: no todo incumplimiento da derecho automáticamente a una indemnización.

Para poder reclamar daños y perjuicios, normalmente no basta con demostrar que la otra parte no ha cumplido. También hay que acreditar que ese incumplimiento ha generado un perjuicio real y que existe una relación directa entre lo ocurrido y el daño sufrido.

Ese perjuicio puede presentarse de muchas formas. A veces consiste en una pérdida económica directa. Otras veces se traduce en gastos imprevistos, retrasos que afectan a una actividad profesional, necesidad de contratar a un tercero o costes derivados de tener que corregir un trabajo mal ejecutado.

Por eso, una de las claves de este tipo de reclamaciones no está solo en acreditar el incumplimiento, sino en poder explicar y justificar bien qué consecuencias concretas ha tenido.

La importancia de la prueba

En materia contractual, tener razón no siempre es suficiente. Hay que poder demostrarla.

Por eso, la documentación juega un papel esencial. El contrato es la base, pero no siempre basta por sí solo. Muchas veces será necesario apoyarse también en correos, mensajes, presupuestos aceptados, facturas, transferencias, comunicaciones previas o cualquier elemento que ayude a reconstruir lo ocurrido.

Y si se van a reclamar daños, será igual de importante acreditar su alcance. Cuanto mejor documentados estén los gastos, pérdidas o perjuicios sufridos, más sólida será la reclamación.

Uno de los errores más habituales en este tipo de conflictos es precisamente ese: intentar reclamar sin una base documental suficiente o sin haber concretado bien el daño. Y eso debilita mucho cualquier estrategia, incluso cuando el incumplimiento parece evidente.

Cuando conviene actuar cuanto antes

Hay casos en los que esperar solo agrava el problema. Cuando la otra parte ya ha dejado claro que no piensa cumplir, cuando el incumplimiento sigue generando pérdidas o cuando existe riesgo de perder pruebas relevantes, actuar a tiempo es fundamental.

También conviene moverse con rapidez cuando el contrato afecta a una actividad profesional, a una operación económica importante o a una relación comercial que está generando un perjuicio continuado.

Actuar pronto no significa precipitarse. Significa analizar el caso desde el principio con una visión clara, para evitar errores y tomar decisiones antes de que el problema sea mayor.

Cuando conviene consultar con un abogado

No todos los incumplimientos contractuales terminan en juicio, ni todos necesitan el mismo nivel de intervención. Pero cuando el conflicto tiene cierta importancia, ya ha provocado pérdidas o existe discusión sobre lo que realmente se pactó, contar con asesoramiento jurídico puede marcar una diferencia clara.

No solo para reclamar. También para valorar si conviene exigir el cumplimiento, resolver el contrato, negociar una salida o preparar una reclamación con una base sólida.

Muchas veces, el problema no está en que no exista una vía para reclamar, sino en plantearla mal desde el principio. Por eso, revisar el caso con criterio jurídico desde una fase temprana suele ser la mejor manera de proteger bien los intereses de la parte perjudicada.

Un incumplimiento de contrato no siempre debe abordarse de la misma forma. Lo relevante no es solo detectar que la otra parte no ha cumplido, sino analizar qué se pactó, qué consecuencias ha tenido ese incumplimiento y cuál es la vía más adecuada para reclamar.

En estos casos, actuar con tiempo y contar con expertos en derecho civil, conservar la documentación y definir bien la estrategia puede ser determinante para defender los propios derechos y reclamar con mayores garantías.

FAQ sobre incumplimiento de contrato:

¿Qué se considera un incumplimiento de contrato?

Existe cuando una de las partes no cumple lo pactado, lo hace fuera de plazo o ejecuta su obligación de forma incompleta o distinta a la acordada.

¿Siempre se pueden reclamar daños y perjuicios?

No. Para reclamarlos, normalmente hay que demostrar que el incumplimiento ha causado un perjuicio real y que ese daño deriva directamente de ese incumplimiento.

¿Se puede reclamar si sí hubo una parte del servicio?

Sí. También puede haber incumplimiento cuando el servicio se presta mal, a medias o en condiciones diferentes a las pactadas.

¿Es importante enviar un requerimiento previo?

En muchos casos sí, porque ayuda a dejar constancia del incumplimiento y puede ser útil tanto para intentar resolver el conflicto como para una reclamación posterior.

¿Cuándo conviene consultar con un abogado?

Cuando el contrato tiene relevancia económica, el incumplimiento ha causado perjuicios o existen dudas sobre la mejor forma de reclamar.

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